“Yo simplemente quiero irme en paz y dejar de sufrir”: ayer, a las seis de la tarde, la joven de 25 años Noelia Castillo veía cumplido su deseo. Esta terrible historia ha demostrado que quienes utilizábamos el argumento de la pendiente resbaladiza para oponernos a la legalización de la eutanasia no estábamos equivocados. La eutanasia empieza presentándose como algo excepcional y muy limitado...
