Los sociólogos Rafael Díaz-Salazar y Rafael Ruiz Andrés analizan en fenómeno religioso hoy, más allá de las cifras y las tendencias mediáticas: “se ha perdido la racionalidad asociada al compromiso del ver, juzgar y actuar. Sin embargo, "donde hay límite de comprensión, de conocimiento de nuestro lugar en el mundo, de quiénes somos y de dónde vamos, habrá religión". Y "donde hay religión, hay esperanza".
La Semana Santa, tiempo litúrgico central para los católicos, es también ese período excepcional de fe vivida en la calle que lleva habitualmente a preguntarse si esa multitudinaria manifestación popular del fervor religioso tiene que ver con una vivencia y práctica religiosa real o con una tradición cultural o identitaria específica de España. Las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas, que reducen normalmente la práctica religiosa a cifras, preguntan, en numerosas ocasiones, a la población española por su identificación o no con una religión; por su asistencia o no a la iglesia; por la participación o no en la vida sacramental; y por la asistencia o no a las procesiones. Y concluyen, con ellas, que España se encuentra en un período de creciente secularización, por lo que la práctica de la fe está muy alejada de lo que en estos días se vive en la calle. Así, por ejemplo, la última encuesta referida a este asunto, en el año 2023, reflejaba que 2 de cada 3 españoles participaban de manera habitual en las procesiones de Semana Santa (alrededor de 29 millones de personas); mientras que la práctica religiosa en España, según la encuesta de este mismo organismo en 2025, acaba reduciendo a un 18,8 % el número de católicos practicantes en España y a poco más de un 50 % el porcentaje de los que confiesan serlo.
Frente a esas cifras del CIS, en los últimos años, diferentes manifestaciones y realidades que van mucho más allá de la práctica religiosa tradicional o institucional llevan a hablar de un “despertar religioso”, o de lo que los medios de comunicación han venido a denominar “giro católico”. Se alude, para ello, a la cantante Rosalía; a películas como Los Domingos; a declaraciones públicas de artistas sobre su vivencia espiritual; a una estética cultural con referencias religiosas y espirituales; y al auge de los encuentros masivos de jóvenes donde fe y emoción se entremezclan. Hay algunos estudios, más allá del citado CIS, que apuntan a un “renacimiento silencioso” de la religión que se está viviendo en los países secularizados. Así, por ejemplo, una encuesta realizada por universidades de ocho países (Argentina, Brasil, Italia, Kenia, México, Filipinas, España y Reino Unido), sobre cómo los jóvenes se relacionan con la fe, la religión y la espiritualidad, habla de que 1,8 de cada 10 jóvenes en España; y 1,6 de cada 10 en Italia asisten diariamente a servicios religiosos o a misa, al tiempo que pone de manifiesto la emergencia de una serie de movimientos juveniles católicos con gran repercusión en los medios digitales, cuya viralidad parece ser síntoma también de revitalización de la fe.
Sin embargo, para los grandes estudiosos de la sociología de la religión, no está tan claro ese cambio de tendencia, ni se pueden interpretar esas fotos fijas como cambios realmente profundos. Así lo constataron Rafael Díaz Salazar y Rafael Ruiz Andrés, dos referentes en la sociología en España, en la conversación que mantuvieron el día 25 de marzo en la Fundación Pablo VI, en el marco del Foro de Encuentros Interdisciplinares. Un diálogo entre maestro y alumno, tal y como ambos se presentan en el libro, editado por PPC, en el que, entre otras cuestiones, analizan la que dio título a este foro celebrado el día 25 de marzo, Hacia dónde va la religión en España. Y, a partir de ella, surgen muchas más: ¿cómo se articulan en un contexto de individualidad? ¿prima la identidad cultural frente a la espiritualidad? ¿cómo reaccionan las Iglesias ante la secularización? ¿Y ante las nuevas formas de religión? ¿Qué manifestaciones religiosas tienen futuro? ¿Por qué hay una mayor politización e instrumentalización del hecho religioso?
Dijo Díaz-Salazar que el momento actual se puede describir bajo los cuatro parámetros que destacaba el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas: hay, en primer lugar, un alto nivel de secularización; en segundo lugar, una persistencia de las religiones tradicionales; en tercer lugar, una metamorfosis de las religiones que han sido transmitidas a través de las instituciones; y, por último, una innovación de tipo religioso, que genera la emergencia de espiritualidades nuevas y diversas. Esto último pone de manifiesto que hay, por tanto, una búsqueda espiritual nueva, que el propio Salazar denomina “pulsión sin brújula” y que ha provocado el surgimiento de toda una Sociología de la espiritualidad.
Para Ruiz Andrés, la respuesta a este fenómeno de efervescencia religiosa no es simple ni unívoca, pero cree que tiene mucho que ver con una coordinada histórica que es la invariable universal de búsqueda de sentido y de identidad. No considera, por tanto, que se trate de una conducta reactiva contra la secularización o el ateísmo militante, aunque sí se están dando en la actualidad algunos fenómenos más identitarios que llevan a que, en algunas ocasiones, las Iglesia, tratando de adaptarse, pierda su vocación universal e integradora. Por eso, en este sentido, cree que conviene tener prudencia al hablar de términos como giro católico, puesto que éste puede estar asociado más que a un cambio de tendencia a una expresión cultural o a la búsqueda de experiencias tan propias de los tiempos y las inercias que vivimos, donde importa más el estar -consumir experiencias- que el ser. Considera este sociólogo, -autor, entre otras muchas publicaciones, del libro La secularización en España. Rupturas y cambios desde la sociología histórica- que esta misma inercia ha llevado a que la práctica religiosa esté más asociada a la vivencia y a la experiencia emocional que a esa racionalidad asociada al compromiso del “ver, juzgar y actuar”.

Por eso, es osado e, incluso injusto, concluir, como muchos proclaman, que la vivencia de la fe es ahora más auténtica que en la España donde ser católico era casi una obligación. Como estudioso de la vivencia del compromiso cristiano en los años 50, 60 y 70 en España, Díaz-Salazar niega rotundamente esta afirmación. Aquellos años eran los de las congregaciones religiosas con una alta formación espiritual y una autenticidad cristiana de compromiso social que hoy echa de menos, sobre todo en esos grupos “neodevocionales que están, desde su punto de vista, siempre en la pecera católica”. En su opinión, "todo lo que nace de dentro es respetable, pero no te hace más auténtico rezar el Rosario por la calle".
Coincidieron ambos también en la peligrosa deriva que lleva a usar la religión como herramienta de confrontación política, naturalizando en nombre de la cristiandad el odio y la barbarie. Y pusieron varios gestos como "actos blasfemos”, que, desde Estados Unidos, están contagiando la vida política española que usa lo cristiano, por ejemplo, contra la migración, negando lo que es consustancial a lo cristiano. En este punto, Díaz-Salazar quiso dejar claro, a través de este texto del Papa, los riesgos de una mal entendida defensa de la civilización cristiana: “rechazar a un migrante en dificultades, sea este de la confesión religiosa que sea, por miedo a diluir nuestra cultura cristiana es una grotesca falsificación tanto del cristianismo como de la cultura. La migración no es una amenaza para el cristianismo, salvo en la imaginación de aquellos que se benefician pretendiéndolo. Promover el Evangelio y no acoger al extranjero necesitado ni afirmar su humanidad como hijo de Dios, es querer fomentar una cultura cristiana solamente de nombre, pero vacía de toda su novedad” (Papa Francisco, 2020. Soñemos Juntos)
En este mismo sentido, el profesor Ruiz Andrés, doctor en Ciencias de las Religiones, habló de la conservadurización de la religión frente a una la mayor transversalidad de años anteriores. Y cree que esto, en parte, tiene que ver con que la “identidad católica es cada vez menos clara para el conjunto de la población”. Sin embargo, sí que cree que la Iglesia católica sigue siendo el actor social más relevante en España. A pesar del secularismo estratégico institucional y de esas formas nuevas de vivencia espiritual, la religión católica sigue permeando en la estructura social, porque ésta ha modelado gran parte de nuestra cultura.
Por último, mirando a un futuro de desarrollo tecnológico o científico ilimitados, ¿tiene cabida la religión?, fue la última pregunta. Ambos coincidieron con un rotundo sí. Porque somos seres limitantes, dijo Ruiz Andrés. Y "donde hay límite de comprensión, de conocimiento de nuestro lugar en el mundo, de quiénes somos y de dónde vamos, habrá religión". Y "donde hay religión, hay esperanza".
Sandra Várez González
Directora de Comunicación de la Fundación Pablo VI
