Hace apenas dos meses la mayoría de los líderes europeos rechazaron con contundencia las medidas que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había adoptado al anunciar la imposición de nuevos aranceles a países europeos que participaran en maniobras militares en Groenlandia, territorio perteneciente al Reino de Dinamarca. Europa armó una respuesta -similar a la que había empleado ante la invasión rusa de Ucrania- sobre el principio de que la soberanía es inviolable; el uso unilateral de la fuerza es inadmisible; y el orden internacional basado en reglas no se negocia.
Tras una Semana Santa donde Estados Unidos ha continuado con sus bombardeos a Irán sin mandato de la ONU y con el objetivo declarado de derrocar un régimen, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha destacado, en un foro económico celebrado en Tokio, la necesidad de recuperar la confianza en las normas preestablecidas y, en el caso de discrepancias entre aliados, acudir a las vías diplomáticas. Macron ha subrayado que Europa representa la “previsibilidad” frente al proceder de otras potencias, en alusión a Norteamérica y su actuación unilateral en Irán, además de otros imprevisibles giros o promesas vacuas (recuérdese cuando Trump en campaña electoral se comprometió a terminar con la guerra de Ucrania en las 24 horas siguientes a su nombramiento; la guerra continúa y se han abierto otras).
¿Qué significa que Europa debe responder con ‘previsibilidad’? Acogiéndonos a nuestra propia jurisprudencia constitucional, la previsibilidad está vinculada al concepto de seguridad jurídica que denota certeza y confianza. Ambas cualidades, la certeza sobre las normas que resultan aplicables y la expectativa razonablemente fundada de los ciudadanos en cuál ha de ser la actuación de los poderes y de los Estados en la aplicación del Derecho, son esenciales en la construcción de sociedades avanzadas.
Partiendo de estos principios, también el papa León XIV, en una audiencia concedida a finales del pasado año a los miembros del Grupo de Conservadores y Reformistas del Parlamento Europeo, recordó la necesidad de que Europa no debe tener complejos a la hora de formar parte de la arena mundial y ofrecer respuestas a través de sus “ricos principios éticos y patrones de pensamiento” que conforman el patrimonio intelectual de nuestro mundo y que son “esenciales para salvaguardar … la dignidad inherente a cada persona humana, desde la concepción hasta la muerte natural”.
La Fundación Pablo VI, tras sus reflexiones en una serie de Seminarios permanentes que se iniciaron en 2018, ha querido contribuir a este propósito con la publicación, a través de la editorial Tirant lo Blanch, de un reciente libro sobre la respuesta de Europa al nuevo contexto mundial con desafíos sociales, políticos y tecnológicos sin precedentes y con unas alianzas históricas que cada vez son más frágiles. La tradición europea, su patrimonio de derechos sociales y económicos y la base de valores sobre la que fue construida –entre ellos los del humanismo cristiano- hacen de sus instituciones jurídico-políticas un ámbito de actuaciones previsibles que permiten otorgar certeza y confianza en sus ciudadanos. Soy consciente -concluía Macron en el foro de empresarios e inversores en Tokio- que a veces Europa puede etiquetarse como un continente un tanto atrofiado ante las crisis que se van sucediendo, pero no es esta la condición que le destaca. Europa es confiable porque su previsibilidad tiene valor, y lo hemos demostrado a lo largo de todos estos últimos años y siglos: “estamos donde sabéis que iremos”.
Jesús Avezuela Cárcel,
Director General de la Fundación Pablo VI
