Asistimos en los últimos días a movimientos sísmicos en las relaciones internacionales, que amenazan con cambiar de manera drástica el devenir del mundo.
MxGA (Make x Great Again, siendo x America, Rusia o China) sustituyen a búsqueda del bien común global por la consecución del bien individual, en el más ego(ista) de los sentidos.
Europa pasa a engrosar, de facto, la lista de países en mayor o menor medida no alineados, un total de 192 estados. Países parias, sin relevancia en el contexto internacional, donde desaparece la dignidad de los mismos -su soberanía nacional- y de sus ciudadanos -llamados a ser los Nadies de Galeano, “… que no valen ni la bala que los mata”-.
Dignidad y Bien Común son los pilares de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), principios adoptados por el humanismo occidental desde hace siglos. A ellos se suman otros como respeto a la verdad y a la libertad, fraternidad y subsidiariedad.
Decía Goebels “Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá». Nos hemos acostumbrado a la retórica de nuestros representantes políticos, que se encuentran en una escalada exponencial de este principio.
El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Después de vivir décadas de paz a nivel mundial (sin olvidar la multitud de injustos conflictos regionales), nos encontramos ante el abismo de un nuevo orden mundial gobernado por tres egos que buscan su supremacía a cualquier precio. 192 países no alineados -más del 75% de la población del globo- andamos desnortados temiendo que el fortachón del patio nos elija para denigrarnos o pegarnos una paliza.
Ha sucedido varias veces en la Historia de la humanidad. Intentemos evitar el nuevo tropiezo, cada uno desde su responsabilidad y capacidad. Un buen comienzo puede ser reivindicar la actualidad y necesidad de los viejos valores que sostiene la DSI.
Alfonso Carcasona
Patrono Fundación Pablo VI
Miembro del foro DSI

