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Justos y Dignos

Con el paso de los años ha cambiado mucho mi percepción de la Oncología Clínica y cada vez me hago más preguntas éticas. El método científico y la medicina de algoritmos y precisión dan respuestas técnicas que, aunque simplifican la respuesta a un “siga el algoritmo”, no siempre son la solución de los problemas que afectan al paciente. Y a mí, personalmente, cada vez me hacen sentir más como un “mono entrenado” y no como un profesional médico.

El periodista, historiador y ensayista Gabriele Nissim reflexiona en su libro La bondad insensata. El secreto de los justos sobre las personas justas y bondadosas. En los momentos más oscuros de la historia de la humanidad, han existido personas que han tenido la valentía de asumir una responsabilidad personal respecto al mal y que se han prodigado en actos de bondad extrema. ¿Cuál es el resorte que les ha impulsado a una bondad aparentemente insensata?

Nissim parte del testamento intelectual del juez Moshe Bejsky, artífice del Jardín de los Justos en Jerusalén. Se apoya en pensadores de la talla de Hannah Arent y Vasili Grosman, entre otros; y también en su propia experiencia de reportero. Repasa situaciones históricas y reflexiones de los autores que dan fe del ejemplo de los justos y fundamentan su papel en el devenir de una sociedad buena y justa.

Ante el mal y el sufrimiento siempre podemos contar con la obra de los justos. Gabriele Nissim desarrolla la tipología de los justos reconociendo tres tipos: los salvadores de vidas en situaciones extremas, los defensores de la verdad y los derechos humanos y los que mantienen la propia dignidad, aunque, con frecuencia, las circunstancias de la vida producen multitud de nuevas figuras y experiencias no fácilmente clasificables[1].

A esta tercera variedad de justos me referiré, ya que me da la clave para entender el verdadero reto del oncólogo clínico en esta era de la Oncología de precisión y el Internet de las cosas médicas. Porque “los acontecimientos relacionados con los justos con frecuencia resultan invisibles y de escaso interés para los historiadores, ya que se refieren a acontecimientos que dejan pocas huellas y no parecen modificar el curso de los acontecimientos”[2].

Me van a permitir que les cuente una historia de hace unos días. Una historia que trae consigo muchas enseñanzas de vida, si tenemos los oídos y el corazón bien abiertos. Su protagonista es Baltasar [nombre ficticio], un paciente con una neoplasia avanzada que genera compresión linfática de extremidades inferiores. Mi compañera de planta, la Dra. Gorety Pazos, está pasando visita. En un momento dado de la conversación le dice al paciente: “Baltasar, le veo preocupado a pesar de que con el tratamiento ha mejorado el edema”. El paciente guarda silencio unos segundos y responde: “Doctora, es que…”, interrumpe la frase y continua, “me afecta mucho depender del pañal y de las auxiliares para el aseo… no sé si lo entiende, Doctora”.

El paciente, de 79 años, siente pudor. Ve amenazada su intimidad, su dignidad. Transmite sus temores y sus emociones a su médico, que no los deja pasar, que los recibe y los afronta. La Doctora coge la mano del paciente y con ternura responde: “Baltasar, lo que amenaza su dignidad a nosotros nos dignifica”.

Preservar la dignidad del paciente en todas las circunstancias

La autoestima es un imperativo ético, ya que lleva a la dignidad. Un pañal que se cae, un anciano que se siente indefenso y con pérdida de su intimidad y decoro necesita un justo que con bondad le devuelva su dignidad, porque los hombres y mujeres justos son capaces de entender y defender la dignidad de las personas, especialmente de los más frágiles y vulnerables.

Sí. Los acontecimientos relacionados con los justos a menudo resultan invisibles y por eso “la Biblia habla de los justos ocultos que hacen cosas bellísimas pero que con frecuencia nadie aprecia ni conoce”2. Se trata de justos cotidianos que hacen el bien porque son bondadosos en cada pequeña tarea.

En palabras de Vasili Grossman, que Nissim utiliza para definir la bondad: “Es la bondad de un hombre para con otro, una bondad sin testigos, pequeña, sin grandes teorías. La bondad insensata podríamos llamarla, la bondad de los hombres más allá del bien religioso y social”[3]. Nissim termina su libro diciendo: “¿Para qué sirve el ejemplo de los justos? Puede parecer que su memoria resulta funcional en situaciones extremas, cuando está en juego la vida de los hombres y la libertad de los individuos esta pisoteada por los regímenes totalitarios. Sería como afirmar que solo en excepcionales circunstancias estamos llamados a defender la dignidad del hombre, mientras que, en lo que es la normalidad de la vida, la cuestión no nos toca de cerca”[4].

Creo que el futuro de la Oncología Clínica, la que atiende pacientes con cáncer, la que afronta el dolor y el sufrimiento de personas de rostro y biografía concretos, se asienta en dos pilares: el conocimiento científico como medio y no como fin, y la presencia de profesionales justos y dignos que preserven la dignidad del paciente. Y este último pilar es el fundamento de la Oncología invisible que, como los justos ocultos, hace cosas bellísimas pero que, con frecuencia, nadie aprecia ni conoce.

 

Francisco Javier Barón Duarte
Doctor en Medicina, Máster en Bioética
Servicio de Oncología
Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña


[1] Gabriele Nissim, La bondad Insensata. El secreto de los justos. Siruela, Madrid 2013, p. 23.

[2] Ibid. p. 37.

[3] Ibid. p. 38.

[4] Ibd.  p. 190.




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