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Liderazgo humanista, un reto del siglo XXI

Muchas veces se suele hacer la pregunta ¿el líder nace o se hace? La respuesta, a mi modo de ver y entender, es que el líder se hace, con dedicación y compromiso, en el encuentro con los demás.

Liderazgo es salida, es decir, ir más allá de la zona de confort; sabiendo que no se está solo en el mundo sino que es necesario proyectarse en equipo hacia objetivos compartidos; y sabiendo dar testimonio con acciones concretas de ello.

El terreno de la política se vuelve el escenario para el ejercicio del liderazgo, teniendo muy presente que la política no se limita a la pertenencia a una determinada organización partidaria sino que apunta a la construcción del bien común desde los distintos espacios sociales en los que nos desenvolvemos. El Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium enfatizaba: “La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Tenemos que convencernos de que la caridad ‘no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas’”[1].

Hay que entender pues que el liderazgo humanista se ha de hacer presente tanto en el sector público como en el privado, en las organizaciones partidarias así como en las instituciones y grupos de la sociedad civil. Ello es lo que hemos vivido durante las tres semanas de aprendizajes en el I Programa de Liderazgo Iberoamericano de la Fundación Pablo VI. Hemos sido 15 jóvenes de 5 países, provenientes de distintos espacios de acción, en la función pública, en la empresa privada y en las organizaciones del tercer sector, con el gran reto de integrar espacios hacia proyectos más contundentes y de visión sistémica para alcanzar un desarrollo humano integral.

¿Qué es lo que ha de caracterizar a este liderazgo humanista? Pues que no se trata de personalismos sino de liderazgo colaborativo. No se trata únicamente de denunciar las injusticias sino de crear las condiciones para revertirlas. Como señalaba Jacques Maritain, la acción política es acción histórica porque es acción humana; la política no crea al hombre, ésta sólo lo recibe para llevar adelante su trabajo en comunidad ¿cómo debemos impulsar este accionar?

Nuestra acción, como siempre, ha de estar orientada a quienes requieren mayor atención, los empobrecidos por una serie de exclusiones. En ello es necesario mentalizarnos con dos palabras claves: solidaridad y subsidiariedad. La solidaridad porque como humanistas no actuamos dirigidos a cifras estadísticas frías ¿cuántos pobres extremos existen o cuántos beneficiarios de un servicio social?, sino que estamos ante el prójimo, y ello implica una concepción mayor. Y subsidiariedad porque nuestras acciones en el día de hoy buscan que el prójimo pueda valerse por sí mismo más adelante.

En este tiempo de neopopulismos y discursos altisonantes que buscan dividir a las sociedades entre “los buenos” y “los malos”, será clave el trabajo de líderes humanistas que contribuyan a rechazar los integrismos y fundamentalismos y que sepan escuchar para actuar con más claridad.

Gracias a la Fundación Pablo VI y Santander Universidades he tenido la ocasión de compartir con personas entregadas y apasionadas por su trabajo, conociendo así nuevas experiencias de servicio que motivan a continuar en el camino. Nuestra visita a España nos ha mostrado el funcionamiento de las estructuras gubernamentales, el mundo de la empresa privada, las organizaciones culturales y los proyectos del tercer sector. Cada diálogo y caminata han valido para ampliar horizontes. Tenemos más herramientas de acción, pero sobre todo la certeza de que contamos con hermanos y hermanas dispuestos a brindarnos aportes. Un líder es quien ayuda a los demás a liberar su talento, y esa ayuda es lo que hemos recibido. Queda ahora en nuestra cuenta ayudar a liberar los talentos de nuestras sociedades.

 

Vallejo


Jorge Luis Vallejo Castello

Perú

 

 

 

 


[1] Papa Francisco. Exhortación Apostólica Evangelli Gaudium. Nº 205. 2013.




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